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Hombres, sexo y recién nacidos

Cuando es el hombre el que dice que no

Cuando es el hombre el que dice que no, que le duele la cabeza o se va a acostar tarde esperando que la mujer se haya dormido, genera más extrañeza en la última que cuando la situación es a la inversa. Porque según hemos escuchado y nos hemos creído; el hombre siempre tiene ganas y al igual que un boy scout debería estar “siempre listo”, y ante este escenario la mujer se cuestiona si es que ya no le gusta, si tendrá a otra persona, si es que ya no la quiere o incluso si es que ha cambiado su orientación sexual. Puede que sí como puede que no (como ocurre en la mayoría de las veces) y generalmente lo que ocurre es multideterminado, pero existe un contexto particular en que la explicación podría ser más simple en el sentido de estar más directamente ligada a nuestros cambios hormonales. Esta situación específica es el embarazo y el periodo posterior a este.

Hace 30 años los padres compartían un promedio de 15 minutos diarios con sus hijos, pero hoy día ese número rodea las 2 horas diarias. La relación padre-hijo comienza bastante antes de que el último haya nacido. Por ejemplo si la madre le habla al bebé mientras lo tiene en el vientre; este va a responder acelerando su ritmo cardiaco, pero si lo hace su padre va a reaccionar aumentando aún más sus pulsaciones con sólo escuchar su voz. Por otro lado, tan luego como la madre queda esperando guagua, el cuerpo del padre también comienza a cambiar de inmediato: los hombres pueden tener nauseas, vómitos y antojos. Esto estaría generado por el aumento de la prolactina –hormona que estimula la producción de leche- la que aumenta también de forma significativa cuando un padre sostiene en sus brazos a su hijo/a.

El que los padres esperaran el nacimiento de su hija paseando de un lado a otro de la sala de espera, comienza a desaparecer a partir de 1962 y hoy en día el 96% de los padres están presentes en la sala de parto. Cuando están presentes tienen un efecto importante gracias a la hormona del amor: La oxcitocina que se libera a través del contacto piel con piel y que genera un fuerte lazo emocional en la pareja. También es la hormona que controla las contracciones y numerosos estudios han demostrado que las mujeres que han sido acompañadas por sus parejas en el momento del parto, tuvieron menos índices de stress y un tiempo de trabajo de parto menor que las que no. Al aumentar la oxcitocina también hace que las contracciones sean menos dolorosas, pero para esto es fundamental que el padre esté tranquilo ya que de otra forma ocurre todo lo contrario. Luego al nacer el bebé casi de forma animal el padre comienza a ver en que se parece a él para verificar que sus genes han sido transmitidos a una nueva generación, porque sin un examen de ADN y mas allá de la confianza, los hombres no tenemos como saber con certeza que ese recién nacido es nuestro. Ahora es importante hablar de la testosterona: hormona asociada a la competitividad, agresividad y violencia lo que no nos sirve de mucho al tener a un recién nacido en nuestros brazos. No es muy útil tener a un hombre agresivo, con poca tolerancia a la frustración y un alto impulso sexual, cerca de una madre amamantando y una criatura que duerme/caga/llora 24/7 y la naturaleza es tan sabia que hace algo al respecto: reduce los niveles a cerca de un tercio. Para esto sólo basta el “olor a guagua” que dejará al padre con los niveles de testosterona iguales a los de un pre-puber. Estos niveles ya habían bajado al dejar la soltería y por el hecho de entrar en una relación de largo plazo, pero ahora bajan aún más, haciendo perfecto sentido desde el punto de vista evolutivo, pero tal vez no tanto para su pareja.

 

 

 

Autor: Rodrigo Jarpa.